sinek

En mis redes, el vídeo de los Millennials del fantástico Simon Sinek ha tenido un efecto telúrico. Ayer, por cierto, vimos La, La, Land. Otro efecto telúrico. ¿Cuántas nominaciones lleva ya? ¿Qué falla de San Andrés recorre estos dos terremotos? (No quería nombrar lo interesante de Sinek y Gosling para el público femenino pero, la verdad, es que no hacerlo es casi, casi mentir por omisión). Sin embargo, apartando esa dulce sal que adereza el fenómeno, lo cierto es que en ambos casos se observa un claro ejemplo de lo emocionalmente fuerte que es sentirse identificado con alguien.


“la Academia” del cine es tocada en cada escena de La, La, Land. No la trolearé, pero créanme que así es.

Y, por su parte, nuestros chicos y no tan chicos, tocados por cada palabra de Sinek. Si nos sumergimos en éstas, vemos cómo nuestros millennials, nuestros hijos, están entrecosidos por las tintas de la tecnología y de las redes  sociales con sus efectos (magistralmente) descritos por Sinek.


Un análisis express de lo bueno, lo malo y lo feo de esto, podría ser

  • Lo bueno: tres buenas amigas hablando en tiempo real, una en Barcelona (España), otra en una ciudad del interior de Venezuela y   otra en Caracas sobre la maravilla de vídeo de Simon Sinek, lo que genera una conexión y casi una epifanía de saberse beneficiadas por el milagro tecnológico de mantener vivas buenas relaciones humanas que en otras épocas hubieran muerto de mengua.
  • Lo malo: la adicción (a la aceptación). Sinek ejemplificó esto muy bien y mientras lo hacía me acordaba de jovencitos que dan sus celulares a amigos para que ¡cuiden de sus “fueguitos” de snapchat! mientras están en un examen.
  • Lo feo: cultivar relaciones superficiales y vivir la vida fingida de  una pantalla  y millones de fotos con caras de “todo resuelto”.

 

Qué sensación tan liberadora debe ser esta afirmación para nuestros jóvenes:

-No está todo resuelto. Se finge tenerlo todo resuelto. Nadie lo tiene. La vida es una cadena de eventos retadores. Y asumirlos con humildad y energía es parte del norte que nuestra brújula tendrá que ir marcando.

No se dejen confundir,  las relaciones profundas necesitan tiempo, el trabajo también. Cultivar la paciencia y la siembra a largo plazo parece formar parte de este norte.


Retos vederes, Sancho, diría El Quijote.