cruz

Los venezolanos   sabemos que el hermoso piso cinético del maestro Cruz-Diez del aeropuerto de Maiquetía se ha convertido en un carrusel de emociones  por la decisión de migrar.

Las razones para dejar el país  pueden ser muy válidas, pero el proceso es siempre un camino emocional. Se trata de un paso radical, de un cambio de entorno, costumbres y cultura.

Este artículo busca mostrar algunas  acciones psicológicas para ayudar  a quien ya levantó anclas y se esté haciendo un lugar en su nueva tierra. Pienso en los compatriotas venezolanos, pero es válido para cualquier emigrante.

La competencia personal que se necesita desarrollar en el terreno de la emigración es la adaptación. La flexibilidad para soltar el cordón del país de origen  y dar la bienvenida  al nuevo terruño  es la clave.

Cómo adaptarse

Czechowicz (2014), en su libro Inteligencia Migratoria, enumeró varias recomendaciones prácticas, de las cuales mencionaré las que considero imprescindibles:

1.-Actitud positiva y mente abierta para relacionarse con otras personas:

En mis  propias investigaciones del tema, mis entrevistados mencionan que la masa de venezolanos en el exterior no se parece a los otros inmigrantes latinos. Estos entrevistados apuntan que los venezolanos migrantes son, en general,  gente con mayor educación.

Por un lado, leer que a los venezolanos les atribuyen características de gente trabajadora, preparada, resiliente, etc. es gratificante porque no son los atributos que normalmente se le añadían.  Sin embargo, la manera de manejar este buen nivel en ciertas latitudes, resulta un reto.

De hecho, hay referencias de que algunos venezolanos inmigrantes que  escogen ciertos países de América Latina o del Caribe pueden sentirse hasta  superiores a los nativos de cada país.

Tal percepción y su consecuente actitud  puede traer  tres repercusiones que son picantes del mismo ají: primero, enlentece la adaptación al país, porque pueden sentir que el lugar no está a su “altura”; por supuesto, esto viene de la mano con la segunda y aún más dañina: ahuyenta  a la gente que sí tiene un conocimiento de esa nueva cultura y lugar  y que pueden aportar valiosos saberes para comprenderla y quererla y,  tercero,  va añadiendo ladrillos para la construcción de un estereotipo del venezolano que es indeseable por arrogante; lo que es un flaco servicio para los  próximos inmigrantes compatriotas que estén intentando hacer una nueva vida en este lugar.

La buena noticia es que cada uno de nosotros tiene la oportunidad de explorarse y entrenarse para escoger actuar de la mejor manera.

                                   1era herramienta: Apertura y humildad

 

2.- Evaluar las costumbres:

Czechowics  señala que hasta pequeños detalles que juzgaríamos poco relevantes cobran importancia en la adaptación a nuevas latitudes: tono y volumen de la voz,  gestos de cariño, cercanía en besos, abrazos y distancia interpersonal o  aspectos de mayor peso como la puntualidad o la hora de salida de  reuniones sociales. Países más estructurados que el nuestro tienen pautadas horas de llegada y  también de salida. En Venezuela, muchas veces,  pareciera hasta un agravio para el huésped que sus invitados se marchen “temprano”.  Reconocer qué es lo aceptado socialmente  para asimilarse a esta nueva cultura es una de las  llaves para la adaptación.

Mi amiga Sandra Gómez, que hoy está residenciada junto a su familia en Madrid,   recomienda que  para hacer esto lo más sabio  es seguir la vieja conseja: “A donde fueres, haz lo que vieres”

 

                   2da herramienta: Observar  y aprender del nuevo entorno

3.- Más del Viaje interior:

Lo dicho hasta ahora es una revisión de lo que hace la gente en su nueva tierra, comparándolo con lo que solemos hacer nosotros, los venezolanos, o el migrante en su tierra natal.

Pues, ese viaje interior en profundidad es más que  eso, es necesario explorarse no sólo en relación con los nuevos vecinos y sus costumbres sino con el  anterior “Yo” o “self” de antes de partir. Esto se refiere a los hábitos de consumo, de comida, de recreación. Ya es manido decir que una cosa es turismo y otra residencia.

Dar el paso a ser ciudadano implica revisar cómo se siente cada persona dentro de su piel, con el cambio dado, ya no como turista sino como residente. Qué pensamientos tiene, qué emociones evocan estos pensamientos, ¿ayudan estas percepciones, pensamientos y emociones a la adaptación?

Reconocer esos aspectos personalísimos, darse cuenta de cuáles ayudan y cuáles obstaculizan la nueva etapa de su vida es imprescindible para hacer el trabajo emocional necesario, como el jardinero de su propio huerto, desmalezar aquello que no trae bienestar y cultivar aquello que sí.

 

       3era herramienta: Explora tu interior para detectar qué brechas cerrar

 

En futuras entradas profundizaremos en este aspecto. Hasta aquí, por ahora. Los dejo con  algunas recomendaciones de mis amigos quienes han transitado por estos arduos caminos de nuevas tierras donde echar raíces:

Ensalada de recomendaciones con buena sustancia

Miriam. 13 años residenciada  en Miami, USA: No te resistas al cambio…cada día y cada experiencia, incluso las desagradables, son una oportunidad para crecer y ambientarse.

Lily. 11 años residenciada    en Barcelona, España: Venir con la mente muy abierta a conocer esta maravillosa cultura y con entusiasmo regalarles un poco de la nuestra. La felicidad se lleva por dentro no importa dónde estemos.

Sebastián. 10 años residenciado  en Madrid,  España: Organizar absolutamente todo desde allá y, en la medida en la que lo permitan las circunstancias, no salir huyendo. Ser un sinpapeles es muy duro.

Susana: 10 años residenciada en el Reino Unido. Hablar con todo el que te encuentras, involucrarte en actividades locales con otras personas de esa cultura.

Carolina. Houston, USA: En lo posible, hacer contacto con personas de intereses similares que conozcan bien la ciudad para lograr ubicarnos más rápida y fácilmente.

Gabriela. 11 años residenciada en  USA: Actitud positiva, por sobre todo humildad y agradecimiento para el país que te recibe.

Patricia.  Un año  residenciada   en República Dominicana: Asumir tajantemente y sin melancolía que se está en otro país, que hay una cultura por explorar y a la cual aportar lo mejor de la nuestra.

Maritza. 8 años residenciada  en  España: Buscar aquello que más te guste del sitio donde estás, sea un espacio, una actividad, y recurrir a ella las veces que puedas hasta que vayas agregando algo nuevo a tu lista. De esa forma harás el lugar cada vez más “tuyo”.

Humberto. Año y medio residenciado en el Reino Unido: Aceptar que no estás más en tu país, que más que venezolano eres ciudadano del mundo.

 

 

Referencias:

Czechowicz, H et all (2014), Inteligencia Migratoria. ¿Me quedo o me  voy? Ediciones B. Caracas.

Imagen: Recuperado de http://stanfordhispanicbroadcasting.org