Coaching

En el constante interés por la formación continua dentro de la pasión que significa para mí el desarrollo humano en general y la práctica del coaching en particular, últimamente me robó la atención un  artículo muy  atrayente escrito por  Leo Ravier titulado ¿Cuál es la historia del Coaching?

Mi intención aquí  es hacer una reseña de este artículo,  contribuyendo con mis propias pinceladas y con una ampliación en cuanto a  los aportes  de la psicología constructivista a la metodología del coaching.

Ravier  hace un repaso acerca de las primeras referencias que podrían constituirse  como los orígenes  de la metodología. Estas primeras referencias me recuerdan  al  comentario, siempre en tono de humor de Dietrich Schwanitz, en su imperdible obra “La Cultura”, cuando acota que en  la historia occidental se ha descubierto todo (o casi todo) dos veces: en la antigua Grecia y luego  desde el renacimiento hasta la postmodernidad.

Esta área no es una  excepción, y por supuesto,  se nombran como precursores de la historia del coaching a  la escolarmente famosa tríada filosófica de Sócrates, Platón y Aristóteles.

  • Sócrates con su mayéutica, padre del  arte de preguntar, podría mostrarse como primera referencia de lo que actualmente se conoce como “preguntas poderosas”  del coaching,  preguntas en las que cada  coachee  responde sobre su propia persona y sus propios  quiebres o brechas para ampliar  sus distinciones y sus miradas y, al mismo tiempo, para  plantearse las respuestas  que le permitan remover los obstáculos y reestablecer su camino hacia  el logro de sus metas, lo cual como  ya veremos  más adelante,   tiene evidentes nexos con la teoría constructivista.
  • Platón como el constructor del vehículo fundamental de las estructuras conversacionales  con sus  celebérrimos diálogos y el énfasis no sólo en la pregunta sino en la dialéctica que genera,  abriéndole la puerta a “la danza” dialógica entre coach y coachee.
  • Aristóteles con la aproximación al estudio de la experiencia,  con una visión del hombre como buscador de la autorrealización y de la educación permanente,  del  hábito y de la acción, piedra angular  para el coaching actual que se desplaza de las apoltronadas  y  confortables  zonas de las ideas hacia el  compromiso del movimiento, sin lo cual el coaching sería tomarse un café con un amigo.

Luego, Ravier, hace el salto a épocas más contemporáneas y muestra cómo se tocan con la filosofía moderna nuevamente  nódulos centrales para el coaching. Allí señala al existencialismo, con su énfasis en el individuo y la conciencia de sí mismo como condición necesaria  para la reevaluación de la vida y de los planes  y la  fenomenología como guía de la apertura al fenómeno sin prejuicios,  estrategias que se observan  vigentes en el coaching y  que permiten  un acercamiento  del coach al coachee sin presuposiciones y con una mirada particular  en su única y propia historia personal.

Estas dos corrientes filosóficas, muestra Ravier,  surten a la psicología humanista,  a su vez, importante antecedente de la historia y metodología del coaching contemporáneo.    El humanismo como corriente psicológica desarrolla conceptos clave que  serán medulares para su  ejercicio : conciencia, libertad, voluntad, autorrealización, y liberación del potencial.

Como señalamos, la corriente psicológica que es menos desarrollada en el articulo de Ravier  es el constructivismo, y  vale la pena mostrar cómo  el coaching y esta rama de la psicología  comparten una misma estructura  esencial, que a su vez se cose con la   principal herramienta del coach  que, como mencionamos, es la pregunta socrática. El coachee o sujeto del conocimiento entra en un estado de conflicto cognitivo o quiebre  que será reestituido a través la construcción  de un estadio de conocimiento superior al anterior, gracias a las preguntas  mayéuticas o poderosas que atinadamente logre formular el coach. Es decir,  la metodología del coaching  produce  una movilización intelectual que permite que el propio sujeto del conocimiento (coachee)  construya un estadio de conocimiento más abarcador que el anterior y que le  permita una  mejor adaptación de éste a su realidad (o nueva realidad “objeto del conocimiento”)  y  que con esta nueva mirada logre  nuevas distinciones  para resolver las brechas o quiebres a los que  se estaba enfrentando. Es por lo anterior que podríamos decir que  el coaching  puede entenderse como una metodología  de desarrollo personal que descansa en la epistemología del conocimiento humano.

En este breve repaso del material de Ravier, ampliado con el inciso de la psicología constructivista, pueden observarse las influencias derivadas de la filosofía y de la psicología como algunos de los antecedentes más importantes  para el coaching.

Mención aparte merecen, evidentemente, la filosofía del lenguaje y la pragmática lingüística  como fuentes alimentadoras de otros conceptos medulares, especialmente del coaching ontológico, a lo que haré referencia en otra entrada.

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